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Arte en Brasil: Una historia en la Pinacoteca de São Paulo. Galeria José e Paulina Nemirovsky – Arte moderna

22 Oct 2016
26 Ago 2019

22 OCT 2016
26 AGO 2019

La Pinacoteca del Estado de São Paulo, museo de la Secretaría de Cultura del Estado de São Paulo, con el patrocinio de Banco Safra y Dafiti, presenta a partir del 22 de octubre la exposición “Galeria José e Paulina Nemirovsky – Arte moderna”. Una reorganización y una ampliación de la muestra sobre Modernismo, que estuvo en cartel durante cuatro años en la Estación Pinacoteca y ahora ocupa cinco salas en el primer piso del edificio de Luz.
Reuniendo una selección de más de 100 piezas de las colecciones de la Pinacoteca del Estado de São Paulo, de Fundação José e Paulina Nemirovsky y de la Colección Roger Wright, la muestra hace una conexión entre la exposición del segundo piso “Arte en Brasil: Una historia en la Pinacoteca de São Paulo” y la exposición “Vanguardia brasileña en la década de 1960 – Colección Roger Wright”, abierta recientemente. Con eso, la Pinacoteca pasa a ser el único museo de São Paulo que, con 700 obras, distribuidas en 2 mil metros cuadrados, cuenta la Historia del Arte en Brasil del período colonial hasta la década de 1970.
La muestra, que será inaugurada en el primer piso, enfoca importantes momentos del período moderno en Brasil: las innovaciones formales del primer Modernismo (de Tarsila y Lasar Segall), la preocupación con cuestiones sociales que marcan las obras de Portinari y Di Cavalcanti, el interés por los artistas autodidactas o entrenados fuera de las academias de arte (como Volpi, Pancetti y José Antonio da Silva), el surgimiento de la abstracción lírica y geométrica. En esta reorganización, la exposición abarca también obras del período Concreto y Neoconcreto, terminando con una selección de obras relacionadas a las corrientes más líricas del abstraccionismo.
“Esta es una exposición única y especial, que recorre gran parte del panorama histórico y cultural brasileño del siglo XX. Sin contar que ampliamos esa muestra de 49 a 110 obras, todas emblemáticas y de reconocimiento internacional. Estamos muy satisfechos por ofrecer ese panorama del arte brasileño a los visitantes del museo”, dijo la curadora Valéria Piccoli.
José y Paulina Nemirovsky reunieron con el paso de los años una de las más relevantes colecciones de arte moderno brasileño, de la cual forman parte obras célebres del siglo XX, como Antropofagia, de Tarsila do Amaral. El préstamo con la Pinacoteca fue firmado en 2004 por los coleccionadores, que buscaron asociarse a una institución pública con el objetivo de dar mayor visibilidad a ese importante patrimonio artístico. En homenaje a la pareja, el conjunto de salas donde quedará expuesta la muestra pasa a llamarse “Galeria José e Paulina Nemirovsky” y será usado para esta exposición prolongada.
“A partir del día 22, la Pinacoteca traerá al público la posibilidad de encontrar, en un solo lugar, el más amplio y completo panorama del arte brasileño, una oportunidad valiosa para los visitantes”, dijo Tadeu Chiarelli, director general de la Pinacoteca.
“Arte en Brasil: Una historia en la Pinacoteca de São Paulo. Galeria José e Paulina Nemirovsky – Arte moderna” sigue en cartel hasta el 26 de agosto de 2019, en el primer piso de la Pinacoteca – Praça da Luz, 2. La visitación puede ser realizada de miércoles a lunes, de 10h a 17h30, con permanencia hasta las 18h – y la entrada cuesta R$6 (entrada íntegra) y R$ 3 (media entrada). Niños menores de 10 años y adultos con más de 60 años no pagan. Los sábados, la entrada es gratis para todos los visitantes.
Al visitar el Museo, no deje de ver las obras de:
Tarsila do Amaral
Antropofagia, 1929
En enero de 1928, Tarsila le regaló al marido Oswald de Andrade la pintura Abaporu, que le inspiraría a redactar el Manifiesto Antropófago, documento seminal del Modernismo brasileño, en el que el autor propone una asimilación crítica del legado cultural europeo y su reaprovechamiento para la creación de un arte verdaderamente brasileño.
Aunque Abaporu sea considerada la obra inaugural, A negra, de 1923, una alegoría de la figura de la “Gran Madre”, de seno único y agigantado, pesadamente asentada en la tierra, como una diosa mítica de la fertilidad, ya predice lo que vendría a ser la poética Antropofágica de Tarsila: pinturas caracterizadas por un número reducido de elementos, economía de colores y presencia de temas nacionales y primitivos, figurados en una intensa atmósfera onírica. La pintura Antropofagia, de 1929, como indica el título, es una asimilación de las dos obras anteriores: figura y fondo de Abaporu y A negra se mezclan, formando una pareja primitiva, en un paisaje denso y silencioso. Las imágenes inspiradas en un Brasil arcaico, pre Cabral, aliadas a la utilización de un lenguaje moderno, crearon una solución posible a una paradoja presente en la prescripción antropofágica: la necesidad de conciliar aspectos primitivos y modernos a la vez.
Ernesto de Fiori
Hombre andando, entre 1936 y 1937
Pocos son los datos conocidos sobre la formación artística de Ernesto de Fiori. Se sabe que en 1904 entró en la Akademie der Bieldenden Künste de Múnich, en Alemania, donde frecuentó clases de dibujo. Desde el principio demostró interés en pintura, pero se dedicó sobre todo a la escultura. Llegó a Brasil en 1936, desde Berlín, y empezó a firmarse en el ambiente artístico al participar en muestras locales. La figura del hombre andando o en marcha está presente en su trabajo desde 1920 hasta aproximadamente 1938. Pero esta pieza tiene sus especificidades en el modo como el hombre proyecta su cuerpo hacia el frente, con cabeza y tronco lanzados hacia la izquierda, en paso largo, sugiriendo velocidad y obstinación. La superficie áspera, desigual, con aspecto inacabado, y la simplificación de las formas, sin la división de los dedos de las manos o de los pies, refuerzan la rapidez y el dinamismo de la escultura, desde la idea, pasando por el moldeado de la materia. El resultado es una imagen urgente, que insinúa un proceso en curso, o al menos una situación que apunta a transformaciones.
Volpi
Fachada, c. 1955
Fue después del viaje a Minas Gerais, 1944, que Volpi empezó a pintar con temperas. En conjunto con el cambio de técnica, también se ve, poco a poco, durante el final de la década de 1940 e inicio de la de 1950, su pintura cerrándose, seleccionando determinados elementos formales, como las fachadas de las casas, que hasta entonces eran representadas en su totalidad. Las famosas banderas comenzaron a ser representadas a principios de la década de 1950 y reaparecerán innumerables veces en su trabajo, sea como banderines, sea como formas geométricas puras sufriendo todo tipo de manipulación constructiva en las manos del artista. Pero no siempre la rigidez formal impera: en Fachada, por ejemplo, vemos una composición bastante animada, de cuño más popular.

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