El Memorial da Resistência de São Paulo presenta la exposición Arpilleras de la resistencia política chilena, con 28 obras en tela, realizadas en los años 1973 y 1980, además de documentos, libros y el video Como alitas de chincol, 2002, que cuenta la historia de las arpilleras en el contexto político chileno.
La arpillera es una técnica textil con raíces en una antigua tradición popular iniciada por un grupo de bordadoras de Isla Negra, región ubicada en la costa chilena. En este trabajo se bordan retazos y retazos de tela sobre costales de papa o harina. Siguiendo la técnica de las arpilleras originales, las piezas que se muestran en esta exposición fueron creadas en talleres y montadas sobre un soporte de arpillera, una tela rústica hecha con sacos de harina o papas, que generalmente son de cáñamo o lino basto.
Como una forma de registrar la vida cotidiana de las comunidades y afirmar su identidad, las arpilleras se han convertido en un medio de expresión, tanto individual como colectivo, y una fuente de supervivencia en tiempos adversos. Muchas arpilleras hacen referencia a los valores de la comunidad y los problemas políticos y sociales enfrentados y se convirtieron en una forma de comunicación, tanto en el país como en el exterior, sobre lo que estaba pasando. Además de las propias escenas de denuncia, muchas arpilleras tenían pequeños bolsillos en la espalda que servían para enviar notas. “Las arpilleras mostraron lo que realmente pasaba en sus vidas, constituyendo expresiones de la tenacidad y fortaleza con que llevaron adelante la lucha por la verdad y la justicia. Además, cada una de estas obras logró romper el código de silencio impuesto por la situación del país en ese momento. Hoy son testimonio vivo y presente, y un aporte a la memoria histórica de Chile”, dice Roberta Bacic, curadora de la exposición.
En una de las arpilleras expuestas, Corte de agua, 1980, se pueden ver hombres y mujeres sosteniendo baldes. Es una respuesta del pueblo a quienes cortan el suministro de agua potable para marginarlos, y también para evitar que salgan a protestar. En respuesta, la población llevó sus baldes a los barrios de clase media para pedir agua. Una vez concluida la faena, el agua era llevada a los vecinos en toneles, y distribuida de manera organizada. La escena vibrante y colorida enfatiza el sentido de comunidad y la fuerza política y social que actitudes como estas le dieron a las mujeres de los pueblos. En Paz, Justiça, Liberdade, 1970, se muestran formas, técnicas y diseños propios de la época. Parches variados expresan una acción de protesta no violenta en un suburbio de Santiago. La Cordillera de los Andes, el sol y el uso de personajes tridimensionales también son comunes en las arpilleras de este período. La Cordillera es un elemento de referencia e identidad, y el sol nos recuerda que brilla para todos, sin distinción. Un coche de policía se incorpora a la escena, ocupando un espacio en la vida cotidiana sin intimidar a los personajes.
“Estas obras nos muestran que la guerra y los conflictos son reales y verdaderos. Pero también muestran el resultado de muchas horas de trabajo. Así como las pinturas muestran pinceladas, estas historias en tapices y bordados destacan cada punto dado y, por extensión, cada movimiento de la mano que metió la aguja en la tela y la sacó de ella. Muestran la memoria como una actividad física, un proceso material, con el que los artistas asimilan en un mismo acto lo que se vive en el interior y lo que se expresa a los demás” (Young, James E. The texture of memory: holocaust memorials and significant. New Haven: Prensa de la Universidad de Yale, 1993).